RECUERDOS PRESTADOS: OLIVER SACKS SOBRE LA MEMORIA

La memoria es un auténtico acertijo para la ciencia moderna. Daniel Kahneman se pregunta sobre sus efectos sobre nuestra idea de la felicidad, pero es evidente que el tema es mucho más complejo que eso. Oliver Sacks, el famoso neurólogo, publicó unensayo en el NY Review of Books donde analiza varias de las falibilidades de nuestra memoria, que está lejos de ser una grabadora imparcial.

Un ejercicio de exploración de la memoria
Oliver Sacks toma información de primer contacto con sus pacientes y con su propia experiencia para poner de manifiesto la dificultad de entender la memoria. En primer lugar, describe ese estado de plagio en que muchas veces se encuentran nuestros bancos de recuerdos:

Es impactante darse cuenta que algunas de nuestras memorias más queridas pueden no haber ocurrido nunca – o pueden haberle ocurrido a alguien más. Sospecho que muchos de mis entusiasmos e impulsos, que parecen completamente míos, han surgido de las sugestiones de otros, que me han influido con mucho poder, consciente o inconscientemente, y luego fueron olvidadas.

Pero más que condenar esta dificultad, Sacks explica que es un elemento esencial de la creatividad humana y quizá del avance de la humanidad:

A veces estos olvidos se extienden y se convierten en auto-plagio, en que nos descubrimos reproduciendo frases completas como si fueran nuevas, lo que en parte se explica por un genuino olvido. Mirando hacia atrás en mis cuadernos, descubro que muchos de los pensamientos que he anotado en ellos han sido olvidados por años y luego resucitados y considerados nuevos. Sospecho que esos olvidos ocurren para todos y que son especialmente comunes entre quienes escriben, pintan o componen, porque la creatividad debe requerir esos olvidos para que en la memoria, los recuerdos e ideas puedan nacer de nuevo y ser vistos en nuevos contextos y perspectivas.
Lejos de ser una “grabadora” imparcial
Haciendo eco de la diferencia entre el yo-que-experimento y el yo-que-recuerdo de Kahneman, Sacks habla del papel de la memoria como mezcla de varias fuentes de experiencia que terminan por ser confundidas:

En ausencia de confirmación externa, no hay forma fácil de distinguir el recuerdo genuino o la inspiración, sentida como tal, de aquellos recuerdos e inspiraciones que pueden haber sido prestados o sugeridos; entre lo que el psicoanalista Donald Spence llama “verdad histórica” y “verdad narrativa”.
Pero al tiempo, se trata de una fortaleza que tendríamos que entender aún mejor para aprovechar lo que puede venir de ella:

Como seres humanos, tenemos sistemas de memorias falibles, con fragilidades e imperfecciones – pero también con gran flexibilidad y creatividad. Confusión o indiferencia respecto a las fuentes puede ser una fortaleza paradójica: si pudiéramos etiquetar todas las fuentes de nuestro conocimiento, estaríamos ahogados con información a menudo irrelevante.

Y en un párrafo fantástico, concluye que la memoria (y no sólo nuestra conciencia en el presente) es capaz de dialogar con la experiencia de otras personas y circunstancias que nos rodean:

Indiferencia a la fuente nos ayuda a asimilar lo que leemos, lo que nos cuentan, lo que otros dicen y piensan, escriben y pintan, de forma tan intensa y rica como si fueran experiencias primarias. Nos permite ver y oír con los ojos y oídos de otros, entrar en sus mentes, asimilar el arte y la ciencia y religión de la cultura en su totalidad, entrar en y contribuir a la mente común, el depósito general del conocimiento. Esta comunión no sería posible si todo nuestro conocimiento y recuerdos estuvieran identificadas y definidas como privadas y exclusivas. La memoria es dialógica y surge no sólo de la experiencia directa sino del intercambio entre muchas memorias.

Oliver Sacks es autor de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero y más recientemente, Hallucinations.

Por Luis Barrueto

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