“PARA LOS PÁJAROS”, UNA REFLEXIÓN MÁS ALLÁ DEL SILENCIO

Por Esther Ferrer

La obra de John Cage es importante, fundamental en el panorama de la música contemporánea, pero quizá lo más importante, lo más interesante de Cage, es él mismo, cuando se oye su risa o sus silencios. Su respuesta a una pregunta, inteligente o no; se le ve moverse y actuar, se tiene la sensación de que es uno de los raros artistas en el que se da una correspondencia privilegiada entre labor creadora y personalidad.Cage ha llegado a París. Acaba de aparecer un libro más sobre él: Pour les oiseaux, un conjunto de entrevistas realizadas por Daniel Charles, músico y filósofo, que ha estudiado profundamente la obra cagiana, no solamente en su vertiente musical sino en todos los otros (artículos, libros, etcétera) y que dirige actualmente el Departamento de Música en la Universidad de Vincennes, en París; es lo que pudiéramos decir, si nos gustase la expresión, un «especialista de John Cage», Ofrece una panorámica completa del proceso evolutivo de Cage, y el mismo compositor dice en la nota final que acompaña al libro que «es interesante porque entre otras cosas contiene muchas informaciones que no pueden descubrirse en ninguna otra parte».

El compositor americano es un punto de referencia indispensable en el conjunto del arte contemporáneo, no sólo por su aportación en el dominio de la música, sino por todas las otras actividades que realiza, sus libros Silence, A Year from monday, M, Mush room book forman parte de la biblioteca de todos los amantes del arte contemporáneo.

Cage, del que Arnold Schömberg decía: «No es un compositor, sino un inventor genial» (su padre, John Milton Cage, fue efectivamente inventor), ha revolucionado la música de nuestro siglo, al cambiar esencialmente la idea de la música hasta entonces en vigor: «Si aceptamos el dejar de lado todo lo que se define como música, toda la vida se convertiría en música», y al decir esto Cage trata de establecer una relación nueva entre el hombre (la sociedad) y los sonidos/ruidos. Haciendo suya la frase de Thoreau de que «la música existe por todas partes y siempre es únicamente la escucha que se detiene y comienza», el compositor quiere despertar nuestro interés hacia todos los sonidos del mundo que nos rodean, hacia todos los ruidos inorganizados que pueden ser música.

El proceso de Cage ha sido largo y difícil. Comenzó muy joven sus estudios de música, piano (en su familia hubo varios músicos), más tarde viene a Europa y concreta mente en Mallorca compone por primera vez, según un sistema matemático personal. Las primeras composiciones que se conservan datan de 1933 (Six short inventions,etcétera).

De vuelta a América estudia con Weis y Cowell, y más tarde, con Schömberg. En esta época conoce a Oscar von Fischinger, un cineasta que le pide componer música para una película. Fischinger pensaba que el espíritu se encuentra en todos los objetos de este mundo, y que para liberarlo no hace falta más que tocar ligeramente el objeto y obtener así un sonido, «el sonido es el alma de un objeto inanimado», decía. Esto condujo a Cage a buscar «el espíritu de las cosas» en todo lo que le rodeaba, sin un criterio estético o elitista; su único interés era dar vida a los sonidos, y crea así una orquesta de percusión. En 1938 debe componer la música para los ballets de Syvila Fort (años más tarde colaborará intensamente con la compañía de Merce Cunninghan); el teatro donde debía tener lugar la representación era muy pequeño, no había sitio para una orquesta de percusión completa. Cage decide poner «en manos de un pianista el equivalente de una orquesta de percusión», introduciendo en el piano cantidad de objetos de distintos materiales capaces de producir una variedad de sonidos inusitada, así surgió El piano preparado. Más tarde aparecerán, las Composiciones indeterminadas, Las Músicas audiovisuales, La música electrónica y elHappening musical (en 1952 con M. Cunninghan, David Tudor, Olsen Rauschemberg, y otros), que amplian las fronteras conocidas de la música, transformando el concepto de la misma.

El valor del silencio

El punto básico en la revolución musical cagiana ha sido el establecer una relación diferente entre sonidos (ruidos)-silencio posible, «no veo porqué deben privilegiarse los sonidos en la música», se trata de dar al silencio su verdadero valor. El interés principal es dejar los sonidos en libertad, dejarles ser lo que son, olvidar toda intencionalidad con respecto a ellos… y al silencio.

Este silencio de Cage es un factor esencial en la composición, y siguiendo a Thoreau, opina que «los sonidos son burbujas sobre la superficie del silencio, la cuestión es saber cuántas burbujas hay sobre el silencio». Lo que normalmente definimos como silencio no tiene nada que ver con el silencio de Cage,el compositor sabe que el silencio no existe (lo experimentó personalmente al someterse a la prueba de la cámara insonorizada y comprobar que aún allí no existía, puesto que oía los sonidos de su cuerpo, el batir de su corazón). Puesto que el silencio no existe, sólo quedan los, sonidos. y por tanto no es necesaria, la estructura; poco a poco rompe con ella. hasta llegar a componer libremente, por el procedimiento del azar. A partir de ahora el sonido no obstaculizará el silencio, éste dejará de ser la tela de fondo del sonido. Fiel a su trayectoria, Cage introduce dentro de su música lo que otros llaman silencio (gente que tose, silla que se mueve, alguien que entra o sale, etcétera). Y comienza el proceso de musicalizar todo aquello que tradicionalmente no era música, pero «que, al integrarlo dentro de una composición, deviene música», así tenemos la obra 4,33, realizada en 1952, en la que los sonidos vienen exclusivamente del exterior.Cage se niega a doblegar los sonidos a su voluntad, rechaza la melodía, pero no si surge por ella misma. No quiere imponer a los sonidos una estructura melódica o armónica, cada sonido tiene su espíritu, una vida propia que no debe repetirse, que no tiene porqué ser ejemplo para otra vida, y añade: «Lo que es verdad para los sonidos, vale igualmente para los hombres».

El rechazar la intencionalidad, la personalización, conduce a laimpersonalidad, y en el límite del riesgo, el azar. Cage, antes de 1951, había empleado el método de azar en algunas composiciones con loscuadrados mágicos, en los que anotaba sonidos o conjuntos de sonidos (16 danzas, Concierto para piano preparado, etcétera), pero este mismo año Christian Wolff, entonces discípulo suyo, le regaló el I Ching – The book of changes, que fascinó a Cage. Desde este momento lo empleará prácticamente en todas sus composiciones, la primera fue Music of changes, en la que utilizó directamente el procedimiento de consulta de suerte inspirado en el I Ching. Las tiradas previas a la composición duraron nueve meses.

Cage emplea este libro en todos los dominios de su actividad, incluso en la vida de todos los días, y cuenta que una vez que se encontraba en una situación difícil artísticamente, el libro le respondio: «Seguir y derramar alegría y revolución ».

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