MIGUEL BRASCO: UNA EXPERIENCIA ÚNICA

 

No hay palabras para expresar una experiencia con Miguel Brásco, Michel Rolland, Francis Mallman, Gustavo Santaolalla, Martin Churba…

Dicen que el vino ya se conocía hace seis mil años, se lo disfrutaba por el

devenir de las indias. Hoy podemos imaginarlo, tan solo imaginarlo como lo

saboreaban…

Dicen que allí dios en su ira expreso: beberán de la copa de vino, fluido que desparramo en el alma del ser. Con vino celebraban sus victorias los héroes de Troya, con vino le canta uno a la amada, con vino se desafía el rigor del mundo; “…el vino nos acompaña por igual en la noche de júbilo o en la jornada adversa…. En el bronce de Homero resplandece tu nombre, negro vino que alegras el corazón del hombre” Jorge Luis Borges.

En La Tournee del Vino, develamos los templos del vino, como fue el Templo de Dionisio, obra que fue inspirada en el vino. Descubrimos que el vino, no se fabrica solo con una maquina. Para hacer vino uno debe ser un filósofo, un científico, un poeta y un artista. Lo dice, allá por 1870, el poeta ingles, William Ernest Henley escribia, “El espíritu del vino cantó en mi copa, y yo lo escuché con amor por su fragante música… El espíritu del vino cantó en mi corazón y yo triunfé en el sabor y la fragancia de su música, su magnética y arrobadora canción”.

La sinfonía con la que danzamos esta experiencia es, la del imaginar de Leonardo Da Vinci, con Curiositá, Dimostrazione, Sensazione, Sfumato, Arte/Scienza, Corporalita y Connessione, estas se enlazan en un maridaje desde donde podemos describir el despertar de los sentidos para catar el vino y para catar ideas transformadoras en emociones. En La Tournee del Vino, catamos con los mismos elementos, simples, que se enlazan:

Viendo, a nuestro ser más profundo, danzando la danza de los dioses,

Girando, y levantando el cuerpo, el alma, y el espíritu.

Oliendo, clavando la nariz y todos nuestros sentidos en las emociones del vivir,

Sorbeando, la vida sin tomarse con demasiada seriedad,

Comiendo, disfrutando la textura, el peso y los sabores del vivir,

Saboreando, con los ojos cerrado imaginando ingresar donde los

dioses no se animám a entrar por que es solo para humanos, y

Compartiendo, experiencias únicas, donde no hay respuestas

equivocadas, son solo experiencias en el devenir del vivir del ser.

La experiencia es pura conciencia sensorial y nos transporta a un

renacimiento de la inocencia infantil que nos calma la mente, el corazón y nos ahonda al placer. El maridaje de esta danza es un néctar, un orgasmo mental y la llave del conocimiento al arte del vino, con la experiencia de la genialidad de algunos filósofos del buen vivir.

Angeles Mastretta, según nos comenta Ana María Shua, nos invita a

abandonar la rigidez de un beber acartonado para entregarnos a la seducción, a la transgresión de romper de una vez los límites que nos encierran. Vino,

Gastronomía, Oro liquido & Tango, vibraciones en sinfonía que danzan en la Ruta 40, donde “…el vino regocija el corazón del hombre y el goce es la madre de toda virtud” Johann Wolfgang von Goethe

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