LA ERA DEL INCONSCIENTE, ERIC R. KANDEL

Por Ángels Martínez

Erik R. Kandel es catedrático de la Universidad de Columbia, director del Instituto Kavli de Neurociencia, investigador destacado del Instituto Médico Howard Hughes, fundador y director del Centro de Neurobiología y Comportamiento del Colegio de Médicos y Cirujanos de la Universidad de Columbia. Y en el año 2000 Obtuvo el Premio Nobel de Medicina y Fisiología por sus estudios sobre el almacenamiento de la memoria en el cerebro.

 

En otro de sus libros “ literarios”  En busca de la Memoria,narra la importancia que los acontecimientos biográficos vividos en la Viena de la mitad del siglo XX pasado tuvieron en su trayectoria humana y profesional. La obra recibió el premio, Los Ángeles “Times Book Award”.

 

Redactar la reseña de este libro exige una actitud de infinita modestia y cierta osadía para atreverse a valorar lo que ha escrito una eminencia científica como Él. A pesar del pánico inicial ante la escritura tengo que reconocer que  leer a Eric R. Kandel ha sido uno de los placeres más intensos que he disfrutado en los últimos años. Un placer que sedujo  mis neuronas y confirmó mi pesar por no haber estudiado medicina; carrera universitaria  a la que traicioné por un  “amor fou” con la historia medieval.

 

Descubrí  “La era del inconsciente “en una estantería de la Librería Laie en Barcelona. Miraba distraída el estante en la que recomendaban  las últimas novedades editoriales, y mis ojos se detuvieron en una  portada en la que se veía un cuadro de Klimt. Tomé el libro en mis manos leyendo un índice  que anunciaba las “partes” contenidas en la obra y me atrajeron unos títulos enigmáticos:

Primera parte: La psicología psicoanalítica y el arte de la emoción inconsciente.

Segunda parte: Una psicología cognitiva de la percepción visual y la reacción emocional al arte.

Tercera parte: La Biología de la respuesta visual del Observador al arte.

Cuarta parte: La Biología de la respuesta emocional del observador ante el arte.

Quinta parte: La evolución del diálogo entre la ciencia y las artes plásticas.

Los enunciados de cada uno de los capítulos que integraban las “partes” del libro eran una invitación a una lectura inminente. Fui incapaz de resistirme y salí de la tienda con la alegría de llevarme en el bolso un tratado de ciencia y cultura.

 

Eric R. Kandel no defraudó mis expectativas porque cada vez que observaba  las láminas de las pinturas de Gustav Klimt, Oskar Kokoschka y Egon Shiele intentaba aplicar las lecciones de Kandel sobre los sistemas cerebrales que nos permiten emocionarnos ante una obra de arte. Leer como procesamos la información visual mientras miramos un cuadro me recordó mi etapa de adolescente  entusiasta  que disfrutaba aprendiendo a través de lo nuevo.

 

Mi inconsciente romántico también influyó en este proceso de idolatría por Eric K. Kandel porque otro hombre -de letras-  me enseñó su pasión por el arte; dos hombres-maestro con los que el verbo “aprender” adquiere connotaciones singulares, esta vez, a través de las imágenes.

 

En el prefacio del libro, el autor nos da las pistas necesarias para entender su fascinación por la historia vienesa de principios del siglo XX:

 

“La era del inconsciente es producto de mi consiguiente fascinación por la historia intelectual de Viena entre 1890 y 1918, así como de mi interés por el arte modernista austriaco, el psicoanálisis, la historia del arte y la ciencia del cerebro, que ha sido la obra de mi vida. En este libro, analizo el diálogo entre arte y ciencia, aún en curso, que se originó en la Viena de fin de siglo, y documento sus tres fases fundamentales.”

 

Las tres fases que estructuran la historia narrativa del libro se inician con los primeros capítulos en los que Kandel explica el intercambio intelectual que se produjo entre  pintores, escritores, científicos y periodistas  en el espacio reducido y efervescente de la Viena de cambio de siglo.

 

Los salones también  fueron un lugar de encuentro y el más celebre fue el de la Sra. Zuckerkandl, una mujer  judía y rica que conocía a Sigmund Freud y reunió en su casa a Johan Strauss el joven, al director de teatro Max Reinhard, al compositor Gustav Mahler, al pintor Gustav Klimt, y a investigadores en el campo de la salud mental y a cirujanos.

 

Kandel nos describe de una forma amena la influencia que tuvieron los hallazgos científicos, el nacimiento de la psiquiatría y la figura del fundador del psicoanálisis en los artistas austriacos. No es una casualidad que Klimt pintase símbolos de células masculinas y femeninas en el vestido de Adelle Bloch-Bauer tras leer lo que  Darwin había escrito sobre las células.

Kandel examina con especial detalle el impacto que tuvieron el pensamiento científico y el entorno intelectual de la época en tres pintores: Klimt, Kokoschka y Shiele. Destaca la importancia de estos artistas porque representaron en sus cuadros las tensiones inconscientes e instintivas a través de expresiones faciales, actitudes en su cuerpo y gestos de las manos, para transmitir la peculiar visión de cada uno de ellos sobre la psique humana.

 

Los estudiosos de la Escuela de Historia del Arte de Viena  señalaron en la década de los años 1930  que la función del artista moderno no era transmitir belleza, sino nuevas verdades. La “verdad interior”  descarnada de los autorretratos de Egon Shiele y de los retratos de Kokoschka, es una muestra del deseo de estos pintores por mostrar les entresijos de la mente de las personas.

 

Los miembros de esta distinguida escuela, iniciaron el estudio entre la interacción y la psicología cognitiva del arte. Los científicos del siglo XXI profundizan en la relación entre la psicología cognitiva y la biología sentando las bases de la neuroestética emocional: la comprensión de nuestras relaciones perceptivas, emocionales y empáticas ante las obras de arte.

 

El atractivo irresistible de este libro es la combinación perfecta entre la evolución de la  historia del arte y de la ciencia a partir de unas descripciones minuciosas sobre las piezas y los procesos neurobiológicos. El lector acientífico tiene que concentrar toda su atención en los capítulos en los que nos explica los complejos sistemas anatómicos y funcionales que suceden en nuestro cerebro cuando miramos un cuadro.

 

Una muestra empírica del impacto de este libro en mi psique femenina/feminista ha sido el descubrimiento del sistema biológico que sostiene mi actual relación amorosa: el apego. Sistema que se basa en la liberación de dos hormonas peptídicas: la oxitocina y la vasopresina.

nagarimagazine.com

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